Ramoncín
Nombre del recinto
Sala Luz de Gas
Dirección
Calle de Muntaner, 246, 08021
Ciudad
Barcelona
Sitio web oficial
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La Sala Luz de Gas es, sin discusión, una de las salas de conciertos más emblemáticas, elegantes y queridas de Barcelona, y uno de los grandes referentes para la música en directo en la Ciudad Condal. Se encuentra en pleno barrio de Sant Gervasi, distrito de Sarrià-Sant Gervasi, en la calle Muntaner, 246 (08021 Barcelona), a apenas unos pasos de la Avenida Diagonal y en una de las zonas más exclusivas y residenciales del Eixample superior. Abrió sus puertas el 26 de septiembre de 1995 con un concierto inaugural a cargo de otra Luz, la asturiana Luz Casal, en lo que ya entonces se intuía como uno de los grandes acontecimientos de la noche musical barcelonesa. Treinta años después, la sala mantiene plenamente esa vocación de gran club de conciertos, suma más de 1.000 actuaciones en directo a sus espaldas y se ha consolidado como una de las salas históricas imprescindibles de la ciudad.
El origen del nombre, "Luz de Gas", está envuelto en cierto misterio. Algunos aseguran que hace referencia a un antiguo edificio industrial donde en otros tiempos se generaba electricidad a partir del gas; otros, más románticos, prefieren pensar que el nombre proviene de Gaslight, la inquietante película de 1944 dirigida por George Cukor con Ingrid Bergman, Charles Boyer y una joven Angela Lansbury. Sea como sea, la denominación queda plenamente justificada al mirar la iluminación del recinto: varias lámparas de cristal —en realidad grandes lámparas de araña de aire palaciego— decoran el local con elegancia, en una decoración rococó rematada por grandes cortinas rojas aterciopeladas que, según muchos, habrían encantado al David Lynch de Twin Peaks. El edificio, además, arrastra una biografía cultural notable: fue primero el Cine Aristos (1943-1965), después el Teatro Moratín (1967-1974), de nuevo cine —manteniendo el nombre Moratín— y, a partir de 1982, el cabaret La Belle Époque, que estuvo abierto al público casi catorce años, hasta dar paso, en septiembre de 1995, a la actual Luz de Gas.
La identidad estética del local es uno de sus grandes valores. La sala principal de conciertos de Luz de Gas se organiza como una platea preciosa —construida con detalles de madera y parquet a sus pies—, con un escenario custodiado por dos grandes cortinas a sus costados que aportan una perspectiva privilegiada al espectáculo. La acústica está cuidadosamente trabajada y el local cuenta con un equipamiento técnico de primer nivel: monitores, sistemas in-ear, batería Yamaha, piano Shigeru Kawai, iluminación con cabezas móviles, luces LED y efectos especiales, todo ello pensado para que cada concierto suene como se merece. La capacidad de la sala principal ronda las 800 personas, una escala media perfecta para conciertos íntimos sin perder la magnitud del directo, lo que sumado al estilo art déco-rococó crea esa atmósfera tan reconocible: un cruce entre el lujo de los antiguos teatros a la italiana y la energía de los clubes nocturnos modernos.
Junto a la sala principal, el complejo cuenta con la Sala B, un segundo espacio que funciona como discoteca y plataforma para sesiones de DJ, noches de baile y eventos privados. Esa doble identidad —sala de conciertos + club nocturno— es uno de los pilares del proyecto: tras los conciertos, a partir de las 00:00 y si la programación lo permite, el Luz de Gas se transforma en una vibrante discoteca con música actual y variada, en sesiones que mantienen viva la actividad del local hasta bien entrada la madrugada. La sala también acoge monólogos, magia, espectáculos teatrales, cenas de empresa, eventos corporativos y noches temáticas, en una agenda multifuncional que la convierte en uno de los espacios más versátiles de la ciudad sin perder en ningún momento su esencia de calidad.
La programación musical es deliberadamente amplia y refleja muy bien la doble vida del local. Su agenda combina rock, pop, jazz, soul, funk, blues, rhythm & blues, flamenco fusión, música clásica, canción de autor e indie, con presencia habitual de artistas internacionales, bandas consagradas del panorama nacional y talentos emergentes. La nómina de figuras que han pasado por su escenario es enorme y muy variada, con 30 años de historia detrás. A los más de 1.000 conciertos programados desde 1995 se suman, además, las visitas más sociales del local: Luz de Gas ha sido también un punto de encuentro de celebridades internacionales —con anécdotas inolvidables como las visitas de Mick Jagger, Jennifer Aniston o Kevin Costner— y escenario de momentos emblemáticos del barcelonismo, como las celebraciones de Joan Laporta tras las grandes victorias del FC Barcelona. Esa convivencia entre música, noche, deporte y cultura popular es lo que ha hecho del Luz de Gas un local transversal, querido por públicos muy distintos.
Llegar es de las cosas más cómodas que ofrece el plan. Situada en plena calle Muntaner, en el cruce con la Avenida Diagonal, la Sala Luz de Gas está perfectamente conectada con la red de transporte público de Barcelona. La estación de FGC Provença está a apenas unos minutos andando, junto con el metro de Diagonal (líneas L3 y L5), Hospital Clínic (L5) y la conexión de Diagonal con el TMB Tram (T1, T2 y T3). Numerosas líneas de autobús urbano de TMB circulan por la Avenida Diagonal y la calle Muntaner, y la zona cuenta con varios aparcamientos públicos cercanos, opción recomendable para quienes lleguen en coche por estar dentro del área de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) de Barcelona. Y ahí está, en el fondo, lo que la hace única: pocos locales de Barcelona conjugan tan bien la elegancia decimonónica —con sus lámparas de araña, sus terciopelos rojos y su platea de parquet—, la acústica trabajada de una sala de conciertos profesional y la energía hedonista de un club nocturno. Cruzar las puertas del Luz de Gas y bajar las escaleras hacia la sala es, todavía hoy, una de esas pequeñas ceremonias que la ciudad reserva a los amantes de la música en vivo: una escapada elegante, en pleno Sant Gervasi, donde el directo y la noche llevan 30 años sin apagarse.